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El resultado de estas conductas se convierte en una seria preocupación social en la actualidad, dado que forman el eje central de la criminalidad.
Estamos compuestos -los seres humanos- por factores biológicos, psicológicos y sociales que son inseparables. En lugar de estar aislados, estos elementos interactúan entre sí para dar forma a las características conductuales de los individuos.
Cuando los aspectos biológicos se combinan con elementos socioculturales, políticos, económicos y personales, puede manifestarse como agresividad extrema o violencia. Tales comportamientos se evidencian, tanto en el ámbito psicológico como legal, como conductas antisociales y criminales.
La psicología se refiere a un tipo de conductas difíciles, comúnmente asociadas con la agresión o violencia, que se distinguen por su violación de las reglas sociales. Esta conducta es constante y rígida, se mantiene a los largo del tiempo y provoca sufrimiento o deterioro en el individuo.
Se trata de una conducta orientada a causar daño y a “violar las normas”. Este fenómeno es bastante extenso abarcando diversas actividades como actos de agresión, robo, destrucción de propiedad, incendios intencionados, faltas a la escuela y abandono del hogar.
Los primeros dos años de vida constituyen la fase más crucial del desarrollo neurológico en los seres humanos. Son indispensables dado que, además de producirse gran parte del desarrollo y maduración del sistema nervioso, también se caracteriza por ser la fase de aprendizaje, en el que se adquieren habilidades como el habla, el reconocimiento de caras familiares y la manera de comportarse para relacionarse con otras personas.
En ninguna otra etapa de la vida el cerebro estará tan receptivo a los cambios como en la niñez y el ambiente tampoco se presentará de manera tan sencilla.
Los niños y adolescentes que padecen de trastornos de conducta presentan un riesgo mayor de desarrollar conductas antisociales en la etapa adulta.
No todas las conductas antisociales en la adultez se relacionan con experiencias de la infancia, los trastornos que poseen factores genéticos significativos suelen aparecer de manera temprana en la vida. Aquellos que sus síntomas aparecen más tarde pueden tener experiencias transitorias y logran el perdón por su mal obrar.
El comportamiento antisocial parece estar influenciado tanto por factores genéticos como por el entorno (vivencias personales).
Es más común en hombres que en mujeres; estas personas tienden a ser más jóvenes, y a menudo, están divorciadas, separadas o no se han casado viviendo solas. Estudios indican que esto está vinculado a un bajo nivel educativo y se relaciona con una clase social baja y bajos ingresos.
Las personas que muestran una conducta antisocial casi nunca buscan ayuda profesional
Experimentan irritación y emociones hostiles hacia otros, manifestándose a menudo a través de amenazas o acosos.
También presentan problemas de comunicación verbal. Los desafíos en el lenguaje pueden influir en su capacidad para resolver problemas, gestionar interacciones verbales y adquirir conocimientos en entornos educativos, y que estas carencias pueden estar vinculadas a una baja autodisciplina y a dificultades en el mismo aprendizaje.
Se les dificulta lograr un adecuado manejo de la conducta social, ya que no emplean las normas que regulan el lenguaje, y parecen no captar ideas como correcto o incorrecto, o reflexionar sobre las consecuencias de su mal comportamiento.
Aparte de la herencia genética, los aspectos del entorno son un factor clave en la conducta antisocial, ya que pueden afectar el desarrollo cerebral, como sucede con el estrés causado por incidentes violentos.
Niveles bajos de serotonina están conectados a dificultades en el manejo de impulsos y actitudes agresivas. Las hormonas parecen estar vinculadas a la aparición de comportamientos antisociales, un cromosoma adicional “Y” y una producción alta de la hormona testosterona particularmente en los hombres.
Una modificación en los neurotransmisores vinculada a una actividad reducida de la corteza prefrontal podría influir a la aparición de comportamientos antisociales.
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Las personas descubre que la estrategia más eficiente para enfrentarse a situaciones de amenaza es reaccionar de forma defensiva y agresiva, orientando esa hostilidad a los demás, hacia sí mismos o manifestando una una agresividad pasiva. Además, las percepciones sobre amenazas excesivas pueden llevar a un individuo a convertirse en alguien más beligerante o amenazante.
Una investigación reveló que las personas con adicción al alcohol tenían menos probabilidades de estar casadas, en parte debido a que presentaban un mayor riesgo de comportamientos antisociales y mostraban menor interés en satisfacer a otros.
El comportamiento antisocial puede considerarse un resultado secundario de la agresividad humana habitual. En particular, la agresividad se puede describir como la ejecución de acciones deliberadas para infligir daño físico o causar vergüenza a otro individuo que busca evitar la ofensa. Los individuos pueden comportarse de manera irresponsable, arriesgada y transgresora de las normas, así como también tener explosiones de agresividad y emoción.
Esta conducta está vinculada con la impulsividad, la inmadurez, el no saber tener autocontrol, la falta de tacto, y el no poder modificar e inhibir el comportamiento de manera adecuada. Además, hay una cierta incapacidad para razonar y valorar correctamente las circunstancias sociales.
Sin embargo, la conducta violenta antisocial, además de lo mencionado, se realiza sin prestar atención al bienestar o a los derechos de otras personas.
Una conducta agresiva podría ser actuar en autodefensa ante una persona amenazante, pero no una conducta antisocial
Entender qué circunstancias ambientales tienen más posibilidades de generar comportamientos antisociales en personas con un genotipo de alto riesgo para la personalidad antisocial podría ofrecer maneras prometedoras para prevenir e intervenir, con el objetivo de ampliar el espectro conductual de los individuos antisociales y dotarlos de alternativas no agresivas.
Desde la perspectiva jurídica, una conducta que puede ser castigada por acción u omisión de un comportamiento humano debe presentar tres rasgos: tipicidad, antijurídica y culpabilidad.
✔ Tipicidad: toda acción y omisión contemplada en el ámbito legal debe estar contenida en algún tipo penal.
✔ Antijurídica: el hecho en cuestión no tenga alguna causa de justificación, que determine que dicha acción u omisión esté contemplada en el Derecho.
✔ Culpabilidad: el individuo haya tenido conocimiento previo del hecho cometido y las consecuencias de este.
Este artículo es de carácter informativo. En caso de presentar alguna condición o malestar, acude a un especialista en la salud.
Fuentes
Carvajal, J. B., & Guinea, S. F. (2006). Neurobiología y neuropsciología de la conducta antisocial. Psicopatología Clínica Legal y Forense, 6(1), 67-82.
Gallardo-Pujol, D., Forero, C. G., Maydeu-Olivares, A., & Andrés-Pueyo, A. (2009). Desarrollo del comportamiento antisocial: factores psicobiológicos, ambientales e interacciones genotipo-ambiente. Revista de neurología, 48(4), 191-198.
Reyes-Guaranda, M. E., & Orellana-Moscoso, A. F. (2024). Trastorno de la personalidad antisocial y responsabilidad legal: Una revisión sistematizada de la evidencia. South American Research Journal, 4(1), 27-34.


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